Caminas al límite. No cruces, no cruces. Una y otra vez. No cruces. Un pie primero, luego el otro. Estás al límite de esa fina línea. No cruces, no cruces. Pero tú cruzas, porque donde ellos sienten miedo, tu sientes atracción, deseo, placer. Estás caminando sobre la cuerda floja y te gusta jugar con el abismo, saltas, corres, te deslizas, bailas de puntillas, te giras y te ríes de sus expresiones a medio camino entre el temor y la condescendencia...y vuelas.
Pero no tienes alas.
Abre los ojos.
Sonríe.
en nuestra época gilipollas ni sé las veces que hemos cruzado la línea...
ResponderEliminar